domingo, 1 de mayo de 2011

Permeabilidad del sistema político y crisis

Los hechos recientes acontecidos en el norte de África han mostrado los inicios de la consolidación de una nueva situación política internacional.

Todo parece indicar que, en un contexto macro-económico mundial crítico, es de esperar un aumento en el grado de convulsión social capaz de mover los cimientos de los sistemas políticos de cada región y país.

Esta conmoción de las estructuras sociales, no significa o, mejor dicho, no se expresa necesariamente en la puesta en jaque del poder mismo de las élites nacionales. Existen sobradas evidencias históricas de que los grupos y sectores dominantes de una determinada sociedad logran, después de un período de retroceso y mediante la puesta en acción de diversos mecanismos, desencadenar un reflujo del proceso de transformación y consolidarse otra vez, quizás bajo nuevas y aún más sólidas bases.

Entonces, creemos que el centro nodal de la problemática política marcará a las sociedades del siglo XXI, pivotará alrededor de la posibilidad (o imposibilidad) específica de instaurar un grado suficiente de rotación y apertura social del sistema político para con las masas, que garantice al menos un mínimo grado de absorción, permeabilidad e institucionalización de las transformaciones que se va registrando en el conjunto de la estructura social.

Es por esto que, debido a que lo que se llama en la literatura especializada como "la ciudadanía" (el "pueblo" de principios de siglo XX) posee, reconoce y expresa sus intereses de grupo en una particular forma de "politicidad", es decir una forma específica de hacer y de entender la política misma.

Así, frente a esta doble situación paradojal de imposibilidad y necesidad de absorción, por parte del Estado, de esos cambios, es que finalmente emergerá "la Crisis".